11.11.10

Caracas

IT CAME FROM HEAVEN (2010)



Amo la basura, porque la poesía vive ya con la basura. 
Manuel Vilas

Mira qué grande cómo las avenidas
lamen los hocicos de los aeropuertos.
Mira esta ciudad de historia nueva, de mujeres y hombres nuevos.
___________Dime si no es grande. 
Caminamos frente a los edificios, les rezamos,
les pedimos la eternidad, la chispa de la locura. Les debemos 
la espiral negra de los estacionamientos, los cincuenta motores
que cada mañana nos elevan con sus ladridos perfectos.

Mira qué grande. Cómo me gusta esta ciudad. 

______En San Francisco me cansé de la misma sonrisa idiota 
repetida en todos los rostros.
Nueva York es un espanto agotador, 
un martilleo cruel en las costillas.
Ni en Buenos Aires, ni en Bogotá, ni en Madrid, 
vi árboles tan saludables.
Barcelona es un mito, una ciudad simulada, 
un pasillo de bohemios malnacidos que se ahogan en el mar.

Yo amo el amor asesino de los motorizados, los taxis piratas, 
el temblor agridulce de los camiones de basura a las 12 de la noche.
Amo el aire acondicionado de las salas de espera
(su rumor de basso continuo), el llanto áspero de los bebés,
el estruendo de los patios a la hora del almuerzo.
Amo las braguetas abiertas de los mendigos en las ferias de comida, 
el himno pastoso de la mugre,
las oficinas inflamadas y transparentes cual supernovas 
_____que nublan el vacío como el halo amarillento
_____de los postes de luz.

Adoro el miedo
carburando en las aceras con su elasticidad repentina en la 
luz rota del amanecer.
___________Oh miedo, mi único proyecto, mi última fiebre.

Leyendo a La Loca mientras espero que termine de llover, 
recuerdo a un viejo amigo que murió apuñaleado
en la Semana Santa del año 2017. Pero él mismo se lo buscó, sí señor,
por no saber lo que es un psicópata,
qué clase de carros manejan,
qué armas llevan con ellos todas las noches,
qué son capaces de hacer si los miras a los ojos,
qué significa si aceleran a todo dar.

______Caracas, estoy detrás de tus rodillas, con la joroba llena de dolor.
Yo era para ti. Acércate y calma mi dolor, acaricia mi pelo.
Este es nuestro tiempo, pero te haces vieja,
lo dicen todos mis amigos, mis amigos derramados,
descuartizados por todo el planeta. Mis amigos lejos de ti y de mi corazón. 

De mi supremo ojo saltan monedas, de mi supremo amor
cae el peso de tus ruidos industriales. Eres
una autopista dorada, el mármol negro de la aceleración.
_________________Yo soy tu órgano rojo.

Odio los amaneceres, odio la brisa y la luz de la mañana,
su nitidez intacta que pretende burlarse de mí.
Esta es mi lanza, esta es mi bicha —digo como Arquíloco—, 
apoyado en ella bebo y con mis músculos desafío a los barcos.
______Así espero (esperamos) durante siglos
______la llegada del fantasma de Dios,
______el más evolucionado de todos los simios,
oh Cristo verde, mutante resucitado que vendrá a incendiar nuestra ciudad
pero yo le partiré la cara.

¿Qué cosa es la ciudad?, ¿nos interesa a los poetas?
¿Habrá ciudades después de la muerte?
¿El cerebro es como una ciudad?

______Las paredes laten con firmeza, se calientan.
El futuro es un pozo de negaciones, una cifra escrita en la vigilia,
una vena que no brota... Estamos locos,
pesa el intestino bajo los ojos, pesa la cáscara del desaliento.
El hastío nos revela el pulso concreto de las cosas
y en el torpor de la noche comprendo que soy varios poetas,
_______________3.05 am, ahora entiendo
que soy
mis dedos poetas 
mirando como yo hacia una pantalla luminosa, bebiendo como yo,
masturbándose como yo en la noche ciega de Caracas.

Mira qué grande, qué bonito.

Bajo este cielo justo nos tumbamos, estamos tumbados, 
y en nuestras manos se hincha el glande robusto de la felicidad.




Texto publicado originalmente en la plaqueta Caracas, editada por PLUP [Proyecto Latinoamericano (de) Unión Poética], en Buenos Aires, 2010.

18.10.10

PLUP: Proyecto Latinoamericano (de) Unión Poética

Javiera Pérez Salerno


Un periódico viejo y el sol de Maracaibo hicieron que Javiera Pérez Salerno, joven poeta y editora argentina, me escribiera un e-mail a mediados de julio. Estaba de paso en Venezuela y me proponía un encuentro casual para conversar sobre su peculiar propuesta editorial: el Proyecto Latinoamericano (de) Unión Poética (PLUP). Su viaje de seis meses por Latinoamérica finalizaba en Caracas, donde pretendía contactar a poetas y editores que colaboraran con la expansión de este proyecto. Javiera venía de muy lejos para ofrecer a los poetas de mi tierra las páginas de unas ingeniosas plaquetas —descargables, imprimibles, inteligentemente curadas e impecablemente diseñadas— que están destinadas a convertirse en una referencia alternativa de la poesía latinoamericana. Evidentemente, yo no podía rechazar una invitación como esa.

Hasta entonces no había caído en cuenta de la urgencia con la que necesitamos una mayor integración literaria latinoamericana. El paraíso hiperenlazado que prometía Internet no ha demostrado ser más que una desastrosa ebriedad de la atención. “YouTube es Dios ebrio”, tuiteó alguna vez Maily Sequera, joven poeta venezolana. Internet es la caótica imagen de lo que sería la literatura sin la existencia de un ejercicio crítico encargado de brindar (aunque sea mediocremente) alguna contención a lo que de otra forma no sería sino un corpus confuso y enorme de libros publicados. Sin lucidez crítica, ni la literatura ni Internet tienen esperanza de hacerse un cuerpo inteligible, con un sentido y un rostro: describir el entramado de las obras es descubrir el flujo de una posible coherencia. La mayoría de los blogs y revistas digitales que conozco hablan de narradores, poetas y libros. ¿Cuántos hablan de otros blogs?, ¿cuántos se dedican a ordenar y evaluar el contenido de los cientos de blogs literarios dispersos en el hiperespacio? El pequeño pelotón de blogueros y críticos literarios venezolanos 2.0 no presta demasiada atención a lo que debiera ser una de sus principales especialidades: la literatura en Internet.

Por otra parte, libros importantísimos para el futuro de la poesía en español como Bajo la piel, los días (2010) de Eduardo Moga, Calor (2008) de Manuel Vilas o Postpoesía (2009) de Agustín Fernández Mallo sólo nos llegan en fragmentos y fotocopias o gracias a amigos que viajan: igual que hace veinte o treinta años. En parte es falso aquello de que Internet nos facilita la tarea de acceder a lo que se escribe en el resto del mundo: por ahora Google sólo es un falso aleph, apenas una simultaneidad que poco puede hacer contra nuestro ancestral desabastecimiento.

Pero no debemos permitir que el escepticismo nos nuble la visión. El Proyecto Latinoamericano (de) Unión Poética (PLUP), conformado desde 2009 por Javiera Pérez Salerno, Ana Laura Rivara, Cecilia Eraso y los diseñadores gráficos Eliana Iñiguez y Francisco Erian, tiene el valor de ser —además de una plataforma excepcional para la difusión de nuevos poetas— una referencia crítica en un momento en el que los jóvenes comenzamos a dudar de la efectividad de lo virtual como única vía para el intercambio literario. La necesidad de leernos nunca ha perdido vigencia: leernos para conocer nuestro lugar, para unirnos más como continente y para entrever los nuevos paradigmas poéticos que ya comienzan a revelarse.

De la página web del proyecto pueden descargarse cada una de las 20 plaquetas de los autores argentinos, peruanos, ecuatorianos y venezolanos que han sido editados hasta ahora. Próximamente serán publicados poetas colombianos, costarricenses y nicaragüenses, que estarán igualmente disponibles para ser impresos, fotocopiados, plegados y compartidos por toda Latinoamérica. En el reverso de cada edición se explica: “Una plaqueta igual a la que tenés en tus manos está siendo distribuida en este mismo momento por las rutas de Latinoamérica desde Potosí hasta México DF, abandonada en bares, deslizada en bolsos de viajeros, compartida por manos impensadas. Una plaqueta idéntica está siendo descubierta por ojos iguales a los tuyos. Leela, fotocopiala, pasala”. Es la poesía viajando con la instantaneidad de lo digital —y también a pie por las carreteras del continente— para hacerse papel entre los dedos, objeto legible, coleccionable: un verdadero puente.

Pienso que algunos de los materiales más valiosos de PLUP —por la nerviosa novedad de sus propuestas poéticas— son los de Jonás Gómez, Carlos Gradín, Valeria Meiller, Sol Echevarría, Oliver José Glave Raggio y Giancarlo Huapaya Cárdenas. Cada plaqueta incluye las señas necesarias para contactar a sus autores y ahondar en la complicidad de la lectura.

Mi plaqueta "Caracas" inaugura la primera ronda de poetas venezolanos que serán publicadas por PLUP. Las otras dos son Línea Azoprieto, del merideño David Parra, y Cotidiano, del zuliano Miguel Ángel Hernández. Pronto otros nombres nacionales se sumarán a esta aventura continental.

Lea, descargue, fotocopie y comparta haciendo click aquí:

01. Zorzales en Munro de Jonás Gómez (Argentina) 
02. Cae la tarde y (spam) de Carlos Gradín (Argentina) 
03. Los monstruos de Juan Diego Incardona (Argentina) 
04. La gran aventura de Javiera Pérez Salerno (Argentina)  
05. Orientación Este de Cecilia Eraso (Argentina) 
06. Conejos de Vanessa Meiller (Argentina) 
07. Va a venir un huracán de Paula Peyseré (Argentina) 
08. Blus del cani de Sebastián Morfes (Argentina) 
09. Selección de Horacio Fiebelkorn (Argentina) 
10. Sodámbulo de Martin Furlong (Argentina) 
11. Road Movie de Sol Echevarría (Argentina) 
12. Selección de Ana Laura Rivara (Argentina) 
13. Para escribir la forma en que caen algunos muertos de Diego Sánchez (Argentina) 
14. Selección de Mariana Pérez Salerno (Argentina) 
15. La idea era irnos aún niños de Oliver José Glave Raggio (Perú) 
16. Espíritu creciente de una humilde proyección de Tilsa (Perú) 
17. AWA. Muestra itinerante por el río Rimac de Giancarlo Huapaya Cárdenas (Perú) 
18. Los ganadores y yo de Fernando Escobar Páez (Ecuador) 
19. Labor-Domestic de Silvia Stornaiolo (Ecuador) 
20. Caracas de Santiago Acosta (Venezuela)
21. Línea Azoprieto de David Parra (Venezuela)
22. Cotidiano de Miguel Ángel Hernández (Venezuela)

PLUP: Proyecto Latinoamericano (de) Unión Poética:


Javiera Pérez Salerno
Ana Laura Rivara
Cecilia Eraso
Eliana Iñiguez
Francisco Erian

8.8.10

Traducciones: "Poemas de la cárcel" de Bob Kaufman

Bob Kaufman. Fuente: Empty Mirror Books

Bob Kaufman (1925-1986) es uno de los mejores y menos recordados poetas de la generación beat norteamericana. La fuerza mítica de escritores como Jack Kerouac, Gregory Corso y LeRoi Jones (Amiri Baraka), la relevancia fundacional de Lawrence Ferlinghetti y, por otra parte, el carisma de Allen Ginsberg, el más prolífico y famoso de los poetas de su generación, frecuentemente cierran el paso del lector hacia otros nombres como Peter Orlovsky, Philip Lamantia, Frank O’Hara, Diane di Prima y el mismo Bob Kaufman. De Kaufman solía decirse que era el mejor poeta estadounidense de los años cincuenta, y hasta llegó a ser conocido en Francia como the American Rimbaud. Originario de Louisiana, a la edad de 13 años huyó de casa. Le tomó veinte años dar nueve veces la vuelta al mundo, hasta que en la década de los cincuenta conoció en Los Ángeles a Jack Kerouac, quien lo integraría definitivamente a la naciente escena beat.

Luego del asesinato de Kennedy Kaufman hizo un voto de silencio en protesta contra la guerra de Vietnam. Ese voto duró diez años, durante los cuales no habló ni escribió una sola palabra. En 1973, cuando la guerra llegaba casi a su final, Kaufman entró en una cafetería y recitó el poema “All Those Ships that Never Sailed”.

Kaufman fue prácticamente un poeta oral, hasta el punto de que sus amigos y su esposa debían obligarlo a escribir, cuando no apuntaban ellos mismos los versos que el poeta declamaba. Esa cualidad improvisacional y performática de sus poemas —tan cercana al jazz— puede percibirse en su prosodia, su ritmo rabioso y sus imágenes muchas veces insólitas. Quizás allí resida gran parte de su atractivo: en la capacidad de conciliar en una sola voz el duende de lo callejero con las dimensiones del simbolismo y el surrealismo.

El siguiente poema, “Jail Poems”, tomado del libro Solitudes Crowded With Loneliness (New Directions, 1965), se inserta en la larga y dolorosa tradición de escritores que han sufrido los males del encarcelamiento, tal como lo hicieron en épocas distintas César Vallejo, Miguel Hernández, Nazim Hikmet y Roque Dalton, entre muchos otros. (Pienso además en los venezolanos Antonio Arráiz, Andrés Eloy Blanco, Alí Lameda, Eduardo Sifontes y Rafael José Muñoz.) A lo largo de 34 fragmentos que van haciéndose cada vez más escuetos, el poema (o poemas, si tomamos literalmente el título) transita desde la solidez de lo enclaustrado hasta una suerte de disipación alarmante, como si el encierro fuera apagando las palabras del poeta para hacerlo entrar de lleno en el espacio de las revelaciones.

Como siempre, la traducción que presento, además de libre y aproximativa, es un work in progress. Espero que lo disfruten.

Poemas de la cárcel
Bob Kaufman

1
Estoy sentado en una celda con vista hacia malignas paralelas
esperando que el trueno me astille en mil pedazos.
No es suficiente estar enjaulado con uno mismo;
quiero sentarme frente a cada prisionero en cada agujero.
Las puertas se deslizan y golpean. Cada portazo señala el fina de algo, ¡bang!
El yonqui desapareció en un ruido rojo; se drogaba para sacarse un infierno.
El oloroso borracho se enorgullece porque ha dejado de fumar,
huellas dactilares sobre negras lápidas llenas de tinta,
ruidos de dolor filtrándose a través de paredes de acero, rompiéndose,
alcanzan mi dolor. Me hago parte de alguien más para siempre.
El acento salvaje de los criminales me resulta más dulce que el balbuceo de los policías,
ocupados en cerrar las escotillas de estas almas; carga
destinada a puertos de acusaciones, muelles de culpa.
¿Qué comen los policías, viejo Sócrates, aún prisionero?

2
Pintor, píntame una cárcel enloquecida, dementes celdas de acuarela.
Poeta, ¿qué edad tiene el sufrimiento? Escríbelo en plomo amarillo.
Dios, hazme un cielo en mi techo de vidrio. Necesito estrellas
para guiarme en esta atmósfera de gritos e infiernos privados,
entradas y salidas, adentro… afuera… arriba… abajo, el balancín municipal.
Yo—aquí—ahora—óiganme—aquí—ahora—siempre aquí de alguna manera.

3
En un universo de celdas, ¿quién no está preso? Los carceleros.
En un mundo de hospitales, ¿quién no está enfermo? Los médicos.
Una sardina dorada está nadando en mi cabeza.
Ah, sabemos algunas cosas, hombre, sobre algunas cosas
como el jazz y las cárceles y Dios.
El sábado es un buen día para ir a la cárcel.

4
Ahora nos dan un nuevo formulario, tembloroso como gelatina,
que demuestra que cualquier muchacho puede ser presidente de Muscatel.
Le odian porque es uno de Ellos.
Desnudez no planeada, salpicada de gris; dedos
pestilentes aferrados a la poceta. El Sr. América se quiere bañar.
¡Mira! En el piso, acostado sobre el rostro de América,
una estrella de cine que ha actuado en un millón de noticieros.
¿Qué estoy haciendo?, ¿siento compasión?
Cuando salga colaborará con mi asesinato.
Probablemente odia estar vivo.

5
Tuercas y tornillos resonando en su estómago, revueltos.
La sociedad se ha hecho pedazos en su barriga, hinchada.
Mira el gran molino americano, inclinándose hacia dentro,
bueno y sólido, como los que embriagaron América.
El éxito escrito en todo su culo rayado por las calles.
Exitoso éxito, cuarenta jonrones en un solo inning.
Deja de sufrir, Jack, no nos puedes engañar. Lo sabemos.
Este es el mejor país del mundo, ¿no lo es?
No lo logró. Borracho en la Celda 3.

6
Han pasado demasiados años en este breve lapso.
Mi alma reclama una caverna propia, como el dios del Jainismo;
mas debo lograr que continúe, ruda como el jazz, relumbrando
en esta oscura selva de plástico, tierra de largas noches, heladas.
Mi ombligo es un botón que aprieto cuando quiero salir de mí.
¿Soy algo más que una masa de entrañas y toscos tejidos?
¿Debo romperme los huesos? ¿Beber mi sangre, diluida en vino?
¿Debería arrancar viejas tristezas de mi pecho?
No otra vez,
esas antiguas bolas de fuego, engullidas con ardor, déjenlas.
Déjenme escupir vapores de introspección, pedazos de mí,
así, cuando me vaya seguiré estando en el aire.

7
Alguien que soy no es nadie.
Algo que he hecho no es nada.
Algún lugar que he visitado no está en ninguna parte.
No soy yo.
¿A qué respuestas
debo buscar preguntas?
Para este montón de calles ajenas
debo encontrar ciudades.
Gracias a Dios por los beatniks.

8
Toda la noche el hedor de cuerpos que se pudren,
el vaho que surge de piras de hombres vivos,
satura mi nariz de repugnancia gaseosa,
ahogando en lágrimas mis expuestos ojos.

9
Vendedor ambulante de Dios, reventándome el tímpano
con la parte más aburrida de un libro bueno y sensual,
impaciente por el lunes y las calculadoras.

10
Perros de ojos amarillos silbando en la noche.

11
El bebé vino hoy a la cárcel.

12
Un día más al infierno, lleno de glándulas que flotan.

13
La cárcel, un cubo de metal enorme y hueco
colgado de la luna por una cadena de plata.
Algún día Johnny Appleseed vendrá a cortarla.

14
Tres largos hilos de luz
trenzados en un rayo.

15
Soy aprensivo en cuanto a mi futuro;
mi pasado me ha dado la espalda.

16
Sombras veo, formándose en la pared,
imágenes de deseos que habían sido protegidos de mis ojos.

17
Después de pasar toda la noche construyendo un sueño,
vino la mañana y me cegó con su luz.
Ahora busco, entre montañas de cáscaras de huevos,
el maldito sueño que nunca quise.

18
Sentado aquí escribiendo cosas en el papel,
en lugar de clavar mi lápiz en el aire.

19
La Batalla de los Fracasos Monumentales, crispada;
ambos bandos anhelan una limpia derrota.

20
Ahora veo la noche, abrumando silenciosamente el día.

21
Atrapado en las imaginarias redes de la conciencia,
lloro por mis actos, mas continúo creyendo.

22
Deberían construir las ciudades en un solo lado de la calle.

23
Las personas que no arrojan sombra
nunca mueren de pecas.

24
El fin siempre llega de último.

25
Nos sentamos en una mesa
devorándonos palabra por palabra
hasta que no quedó nada, esqueletos repulsivos.

26
Estoy sentado escribiendo, sin atreverme a parar,
por miedo a ver lo que está fuera de mi cabeza.

27
Listo, Jesús, ¿ves que no dolió ni un poco?

28
Temo seguir a mi propia carne hasta esas angostas
anchas rígidas blandas camas femeninas, pero lo hago.

29
Eslabón por eslabón, forjamos la cadena.
Luego, al descubrirla alrededor de nuestros cuellos,
nos espantamos.

30
Nunca he visto una poética y salvaje hogaza de pan,
pero si la viera, me la comería con corteza y todo.

31
¿Desde cuántos años atrás vienen los bebés?

32
Universalidad, dualidad, totalidad… uno.

33
El anormal que balbuce en el suelo
alguna vez fue un hombre que gritaba sobre las mesas.

34
Ven, ayúdame a aplanar una gota de lluvia.



Escrito en la Cárcel de la ciudad de San Francisco
Celda 3, 1959.


Fragmentos del poema en inglés aquí [p. 59].

9.7.10

Ludovico Silva: El sentido de la tiniebla


El Bosco. "Extracción de la piedra".

Post tenebras spero lucem (Job, 17: 12)

I. Señas para una poética: En un texto de Tenebra (1964), primer poemario de Ludovico Silva, se lee: “Yo guardo en lo más litúrgico de mis cavernas una piedra. Por su forma, se diría que es una palabra. Es una palabra que no tiene sinónimos y es por completo fatal” (OP, p. 30). En la lectura de este fragmento asistimos a una suerte de declaración que define el carácter del ejercicio poético de Ludovico Silva. Para este gran filósofo y poeta venezolano el trabajo de la palabra estuvo determinado por una vocación profundamente arraigada y envuelta en las telas de lo ineludible. No me refiero únicamente al hecho de que la poesía se acomodara en su vida con toda la fuerza de un destino y como un devenir paralelo e inseparable de su labor como ensayista; tampoco me refiero a lo poético de su propio relato biográfico. Hablo de la fatalidad de la palabra dentro de los territorios del poema, la escogencia de una palabra única, elegida entre todas por medio de una operación litúrgica. Una palabra que no tiene sinónimos porque en el fondo ninguna palabra los tiene, cada una se corresponde con una coordenada precisa de la realidad: da en ella con la puntería de una piedra. Pero ¿cómo encontrar esa palabra que no tiene substituto posible?, ¿cómo extraerla desde lo más profundo y silencioso de la caverna?

La palabra liturgia remite al orden y la forma particulares en la cual toda ceremonia o ritual deben desarrollarse para que acontezca el hecho mágico religioso y así se legitime y continúe un culto. Esta palabra señala un espacio en el que la razón y el misterio se tocan, se entrelazan y se reconocen. Ese espacio puede generarse gracias a una experiencia extática, para la cual también existen técnicas, normas y órdenes particulares. Mircea Eliade habla del éxtasis como un estado que es tránsito y puente entre el espacio de lo sagrado y el de lo profano, el cual opera en el místico, el chamán o el iniciado, una verdadera “mutación ontológica” que permite ese trato entre lo emparentado con la razón (y sus instrumentos) y un espacio alterno, indireccional, impersonal.

Lo que vemos en la obra temprana de Ludovico Silva se parece al rapto chamánico, a la comunicación mediúmnica, pero no con los secretos del más allá, sino más bien con una tiniebla interior. Así como el chamán vuelve de su éxtasis con una respuesta, una orden o una advertencia, el poeta regresa con una palabra que también es una piedra, una palabra única como su propio destino.
En el primer período de la obra pictórica de Hyeronimus Bosch, aquel pintor holandés mejor conocido como El Bosco, hallamos un cuadro titulado “Extracción de la piedra”. En él vemos un curandero que, en pleno campo veraniego, realiza una extraña cirugía en la cabeza de un hombre que está atado a una silla. El cirujano lleva un gran embudo de metal a manera de absurdo bonete. Le observan un monje ebrio que sostiene una jarra de plata y una monja aparentemente hastiada, que equilibra un libro rojo sobre su cabeza. El charlatán realiza una incisión en el cráneo del paciente para extraerle una piedra que es la razón de su locura o de su necedad. En el punto exacto de la cortadura del bisturí, entre la sangre que brota, emerge una delicada flor gris. Esta suerte de (proto)lobotomía era común en la Edad Media: se creía que los locos tenían una piedra en la cabeza. El Bosco hace burla de aquella creencia y pone un capullo donde debía estar el imaginado guijarro.

Olvidemos por un momento lo irrazonable de tal operación y atendamos a esa imagen de la piedra enloquecedora, arraigada en lo profundo del cráneo como una palabra. Esa es la piedra que nos extravía del orden cotidiano, permitiéndonos acceder a una dimensión otra del lenguaje que pone en riesgo la comprensión del sentido en virtud de la expresión poética, a través de una dicción alterada que destroza los códigos estándares de la lengua. Es una piedra que florece en el poema, una piedra litúrgica, chamánica, que arde dentro y está hecha del magma de nuestro infierno interior.

II. Leer en la tiniebla: Ante el sentido velado de los versos de Ludovico Silva nos provoca tomar el poema y abrirlo, tasajearlo, darle la vuelta impacientemente para ver de qué está hecho, para descubrir qué es lo que esconde entre sus órganos desplazados. Pero quien debe voltearse —abrirse, exponerse— es el lector. El poema sólo habla con quien lee; no está hecho para nadie más. Maurice Blanchot señala que la obra literaria necesita del lector para activar su propia comunicación y que, al mismo tiempo, el lector sólo puede atender a la obra mientras sea capaz de responderle y de aceptarla. El lector debe permanecer abierto a sus indicios o pistas, que sólo podrá perseguir y percibir si consiente que se vinculen con su propio gusto, su memoria, su emoción. Sólo le será posible hallar los rastros del sentido si tolera que las imágenes tengan efecto en él. En El espacio literario Blanchot dice:
Leer se sitúa más acá o más allá de la comprensión. Leer, tampoco es lanzar un llamado para que se descubra, detrás de la apariencia de la palabra común, detrás del libro de todos, la obra única que debe revelarse en la lectura. Sin duda hay un llamado, pero que sólo puede provenir de la obra misma, llamado silencioso, que impone silencio en el ruido general, que el lector sólo oye respondiendo.
Blanchot nos habla de un lector activo que responde, que acepta el texto poético, avivando así su voz verdadera y múltiple. El poema no es sino la mitad de algo que viene a completarse cuando el lector sufre junto a él: sufrir en lugar del poema y a cambio del poema. En el prólogo a In vino veritas Ludovico Silva escribe: “Yo no confieso; que mis lectores hagan la penitencia. Y si es más lo que oculto que lo que digo, que me lean a ciegas. En tinieblas” (OP, p. 49). Atendamos además al epígrafe de San Juan de la Cruz que el poeta escoge para abrir el mencionado poemario: “Porque el hombre que está en tiniebla no podía convenientemente ser alumbrado sino por otra tiniebla”. Quizá lo único que nos permita ver alguna claridad en las tinieblas del alma, ese gran misterio interior, sea la oscuridad misma de lo aparentemente vaciado de sentido: el camino extraviado, oblicuo, del poema.

Lo evidente (la claridad) encandila y nos frena; nos quiere borrados. Lo oscuro, en cambio, está liberado del control, emancipado de lo único y se parece más a la ambivalencia y al símbolo. En los textos de Tenebra y de In vino veritas, el poeta se asoma hacia el oscuro infierno para vislumbrar qué clase de cosas lo habitan, ansioso por entenderse con ellas y sumergirse en el espacio de lo que la razón ignora, en el fluir de las llamas que aniquilan todo sentido. La voz de Silva representa una suerte de esfuerzo por hablar de lo anochecido valiéndose de la oscuridad misma. Por eso tanto delirio en la voz y tanta violencia —como desgastada, desorientada— en la garganta. La tiniebla: dimensión liberada, tiempo insumiso y múltiple.

“Dice verdad quien dice sombra”, escribió Paul Celan, señalando la veracidad que existe en lo aparentemente desollado de sentido, en esa oscuridad que representa una suerte de reto para el lector porque le exige un ejercicio de lectura distinto, un compromiso más cercano y arriesgado con el texto poético. “Dice verdad quien dice tiniebla”, hubiera escrito Ludovico Silva. Los últimos versos de Piedras y campanas (1979) dicen:

Te veo en mi memoria, piedra ausente,
como un gigante que a mi ser regresa.
Veo un muerto flotando en el olvido.
Lo demás es una pura miseria
de ser hombre en la niebla
y auscultar la verdad en lo oscuro (OP, p. 239).

III. Hormonas del sentido: Llegamos así a una frase que es quizá la clave definitiva y el camino más claro para comprender estos rasgos de la poesía de Ludovico Silva: “Poesía es: combinación musical de símbolos” (OP, p. 52). Es la voz del poeta arriesgando todo menos su musicalidad, o tal vez arriesgándolo todo por la musicalidad del poema. Es el texto poético enlazando símbolos e imágenes con el sonido como único guía, como un murmullo que conduce cada texto.

Recordemos que para Gastón Bachelard, y luego para Gilbert Durand, el símbolo —y cabría decir también la imagen poética— era una “hormona del sentido”. Tal vez ninguna otra imagen defina mejor cómo se crea el sentido no sólo en la poesía de Ludovico Silva, sino también en la de una larga tradición de poetas venezolanos cuyas obras de verbo encendido y delirante desafían lo que comúnmente se entiende acerca de la comprensión del sentido en la poesía. Entre ellos pudiéramos nombrar a Salustio González Rincones (Llamaradas blancas, 1907; Las cascadas asesinas, 1907), Luis Fernando Álvarez (Soledad contigo, 1938), Ida Gramcko (Poemas de una psicótica, 1965; Salto Ángel, 1985), Teófilo Tortolero (Demencia precoz, 1968; Las drogas silvestres, 1972) y Teódulo López Meléndez (Alienación itinerante, 1974; Los folios del engaño, 1979; Mestas, 1986).

En todas estas obras y en los primeros poemarios de Ludovico Silva percibimos símbolos e imágenes poéticas actuando como sustancias que rezuman entre los versos, suscitando con la acción de sus fluidos el advenimiento del sentido: catalizando su desvelamiento en el lector. Finalmente, esa hormona es también la piedra litúrgica —piedra de la locura, del vínculo con el misterio— que vimos anteriormente y que ahora se nos reúne en la lectura con el sentido musical del poema, que no es sino el orden ritual para que se cumpla el hecho poético, el conjuro que extrae la piedra de la tiniebla.


Texto leído en el evento “Ludovico: 22 años de Ópera Poética”. Maracay, 18.06.2010.

Silva, Ludovico (1988). Ópera Poética (1958-1982). Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República.

3.5.10

Traducciones: "Mein Kampf" de David Lerner


David Lerner (1951-1997) fue uno de los llamados poetas “renegados” que surgieron en Estados Unidos durante la década de los ochenta. Abandonó el periodismo para dedicarse a la poesía y se convirtió en uno de los principales animadores del grupo The Babarians, que acostumbraba reunirse en el Café Babar de San Francisco. En 1997 falleció por sobredosis de heroína.

Lerner no es uno de los poetas más reconocidos de su grupo y quizá tampoco sea uno de los mejores. Sin embargo, su poema “Mein Kampf” funciona casi como el manifiesto de una generación signada por el desencanto. El fracaso de los grandes relatos y utopías de los sesenta —concebidos casi todos por las clases más pudientes— sentó las bases para los próximos sacudones culturales que presenciaría la humanidad: los de la clase obrera de los países desarrollados. En estas circunstancias emerge, por ejemplo, el punk, movimiento que ya se gestaba en Gran Bretaña desde finales de la década del sesenta.

Podemos intuir que los poetas de esta generación quisieron hacer una poesía que no buscara convencer ni vencer, una poesía desengañada que ya no celebrara la belleza ni la BEATitud del espíritu sino que apostara, más bien, por la “investigación de las basuras”, como lo hubiera dicho en Caracas, casi veinte años antes, Adriano González León.

El mismo término outlaw nos anuncia una coordenada: fuera de la ley. Una “ley” que puede interpretarse, en el caso del arte, como cualquier convención estética, moral o cultural que haya sido impuesta por la historia y por medio de la cual se juzgan las obras de los hombres. El outlaw, antes que un forajido o maleante, es aquel cuyo devenir transcurre en (o hacia) un espacio no dominado por esas leyes, contra lo permitido o aceptado, en clara desobediencia de las reglas que otros han establecido. Pero quien se encuentra fuera de la ley suele quedar también fuera de la polis, execrado de un ámbito al cual tal vez nunca deseó pertenecer. Se trata de un exilio simbólico, ideológico, voluntario. En el caso de los poetas: un exilio en o a través de la lengua.

Es posible que la Outlaw Poetry, más que la obra de un grupo de poetas rechazados, sea entonces una categoría de la voz poética que se pronuncia desde un espacio auto-exiliado del mundo literario ortodoxo.

Sin embargo, existe una voluminosa antología compilada por Alan Kaufmann y S. A. Griffin, publicada en 1999 por Thunder’s Mouth Press. Se titula The Outlaw Bilbe of American Poetry, y es una especie de evolución de experiencias anteriores como la New American Underground Poetry, compilada por el mismo David Lerner. De la misma manera, existe una página web y hasta una cuenta de twitter. Ante este fenómeno es posible que uno termine poniendo en duda si estos poetas son realmente forajidos o renegados, ya que, si bien no han gozado de la completa aceptación del ámbito académico o culto de la sociedad literaria norteamericana (la ley), se encuentran inmersos en una dinámica editorial y comunicacional casi idéntica a la de la contraparte (no forajida, no renegada) que les da sentido.

Quizá sea cierto que los poetas renegados construyeron un sistema paralelo de reconocimiento y legitimación que sólo acepta a aquellos que comparten tanto su estética (que es como decir su lengua y su visión del mundo y de la literatura) como su cualidad de (auto)expulsados del sistema dominante, pero el fin último de ese sistema paralelo no es sino el de presentar una alternativa, hacerla visible para restar autoridad al orden literario establecido y dejar en evidencia su cuerpo incompleto, su naturaleza insuficiente. Los medios que emplean para intentarlo son simplemente una manera de herir desde adentro la aparente solidez de una historia escrita por unos pocos, que muchas veces actúan según intereses que no son únicamente literarios.

La vía elegida por estos poetas resulta aleccionadora. El underground no desea salir de su subterraneidad; el outlaw, en cambio, toma la superficie por asalto. Ninguno resentirá jamás que le ignoren.

El tema es como para guindarse a escribir mucho más, pero sólo me propuse presentar brevemente un asunto que apenas estoy conociendo. Me provocó compartir algo de esta poesía “forajida” o “malandra” norteamericana pero no conseguí ninguna traducción al español del poema de David Lerner, así que lo traduje a mi manera, es decir libre y aproximativamente. Que lo disfruten.


NOTA: Cuando me tocó volcar a mi idioma una palabra vulgar, escogí el término del habla venezolana que más se le aproximara. La razón es que para estas palabras no existen términos universales que preserven su vulgaridad. Pretender que ningún hispanohablante se pierda nada en su lectura sólo nos llevaría a escribir cosas como “pene”, “desgraciada” o “tonterías”, que no tienen ni de lejos la misma fuerza.

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Mein Kampf

Gary Snyder vive en el campo. Se levanta cada mañana escuchando 
el canto de los pájaros. Nosotros vivimos en la ciudad.
Kathleen Wood

lo único que quiero es
que la poesía sea famosa

lo único que quiero es
quemar mis iniciales en el sol

lo único que quiero es
leer poesía desde el centro de un
edificio en llamas
parado en el canal rápido de la
autopista
cayendo desde el tope del
Empire State

el mundo literario
chupa güevo de perro muerto

preferiría ser Richard Speck
que Gary Snyder
preferiría ir en un cohete al infierno
que en un Volvo a Bolinas

preferiría
vender armas a los marcianos
que esperar, malhumorado, la
carta de algún payaso enfermizo con
mente de esmoquin
diciéndome que me gané un
par de anteojos rosados a prueba de balas
por mi poema “Otoño en primavera”

quiero ser
odiado
por quienes viven de enseñar

quiero que la gente oiga mi poesía y
le duela la cabeza
quiero que la gente oiga mi poesía y
vomite

quiero que la gente oiga mi poesía y
llore, grite, desaparezca, comience a sangrar,
a comerse sus televisores, a golpearse hasta la muerte con
espadas y

salgan a emborracharse desenfrenadamente con
dinero ajeno

esto no es ninguna fiesta
esto no es ninguna discoteca
esto no es ninguna bolsa de sorpresas de

astutos juegos de palabras y pensamientos sensibles y
teorías amables acerca de

cuántas ambigüedades pueden bailar sobre la punta de una
ametralladora

esto no es ninguna
noche distinguida entre
cappuccinos y mentiras

esto no es ningún optimismo de
nuestras vidas tienen sentido
mientras las flores respiran en nuestras almas y
nos enamoramos locamente

esto no es ningún tipográfico, maricón
festival beatnik de segunda mano
para quejarse del
arcoiris roto

es un carnaval de pavor

es un bárbaro espectáculo de segunda
a punto de pasar a la arena principal

es terror y belleza salvaje
caminando tomadas de la mano por una carretera bombardeada
mientras los misiles gritan, y un
cielo color de sangre arterial
parpadea
como las luces de Broadway
después de la muerte por sida del último junkie

no vengo a sepultar la poesía
sino a hacerla estallar
no a mecerla sobre mi rodilla
como un niño retrasado de
ojos hermosos
sino a

lanzarla por un precipicio hacia
helados mares y
ver si la desgraciada puede
nadar y salvarse

porque el amor es una cosa excelente
que seguramente necesitamos

pero, amigos...

Hoy en Día hay tanto que odiar

que el odio es sólo amor con un resentimiento
tan grande como el Ritz
y más pesado que
todas las cuentas que jamás pagaré

porque ellos nos están persiguiendo

están vendiendo brazaletes radiactivos
y cereales que
reducen tu coeficiente intelectual 50 puntos por cada bocado
tenemos políticos que creen
que comenzar la Tercera Guerra Mundial
sería bueno para sus carreras
tenemos mujeres hermosas
con ojos como piedras húmedas
observándonos desde las páginas de
revistas relucientes
prometiendo que nos
cogerán hasta que nos salga sangre

si sólo compramos una de esas hermosas navajas plegables

yo ya tengo la mía



[Lea el poema en inglés aquí.]

27.3.10

Néstor Mendoza reseña Detrás de los erizos

Lea una reseña de Detrás de los erizos (2007) en el blog "Lezámico" de Néstor Mendoza aquí